Iragarkien eragin beldurgarria eta pornoaren ilusio mingotsa

Artikulu hau iritsi zait eskuetara. Egiak aipatzen ditu: errealitatea nola desitxuratzen duten publizitateak eta pornoak.

Mazinger Z no existe

Carme Chaparro

Mazinger Z no existe

“MAMÁ, MAMÁ, ¿por qué no tienes tú también
ese culo?”, pregunta Alicia mientras señala con el dedo a una modelo que
posa en biquini. Su madre y yo estábamos cotilleando las revistas de
moda cuando la niña –que apenas tiene seis años, ¿no tendría que estar
viendo “Bob Sponja”?– se pone a charlotear con nosotras. “Mira hija, es
que ese culo no existe”. Y a la pequeña, que ha puesto cara de
“que-ya-no-soy-un-bebé-no-me-engañes”, es imposible hacerle entender qué
es eso del Photoshop y el retoque digital de fotografías. Si lo veo es
porque de verdad existe. “Y yo lo tendré así cuando me salgan tetas”,
finiquita.

Recuerdo esta conversación de verano mientras me rompe el alma una de las secuencias del documental “Loving Sophia”, la
poderosa e intensa historia de una joven prostituta drogadicta en
Israel. Es noche cerrada. Sophia llora dentro de un coche. Acaba de
tener una mala experiencia con uno de sus clientes. “Borracho. ¡Borracho hijo de puta!” aúlla desesperada. “¡Más al fondo!, ¡más al fondo!, no paraba de decirme”.

Ahogada en llanto, se asfixia al intentar respirar y mira a la cámara como si fuera ella quien tuviera que pedir perdón. “¡Mi garganta acaba ahí! ¡Mi garganta acaba ahí! ¿Es que no se da cuenta?”. Sophia se hunde en el asiento del vehículo mientras sigue sollozando. “¿Sabes
lo que haré? Algún día me iré a esas revistas eróticas y les daré una
paliza a los editores. Porque son la razón de que algunos hombres nos
traten así”.

La publicista británica Cindy Gallop está convencida de que esas actitudes se producen porque hay toda una generación de chicos y chicas que
están creciendo convencidos de que el porno –esa cosa gratis, accesible
y anónima que se pueden descargar de internet– es el sexo del mundo
real, igual que la hija de mi amiga cree que los culos de las revistas
son los culos del mundo real. El porno les dice qué es lo que les tiene que gustar a ellos y qué es lo que nos tiene que gustar a nosotras.

Pero puede que sí, o puede que no sea así. Y, de paso, está creando toda una generación de jóvenes acomplejados porque ni se mueven ni miden ni aúllan como lo hacen los actores de una de las industrias más rentables del mundo.

Utzi erantzun bat

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